

Cuando hablamos de autoras contemporáneas en la novela gráfica, solemos pensar en el presente: nuevas voces, premios, mesas temáticas, visibilidad editorial. Pero ninguna escena cultural nace de la nada.
La presencia actual de mujeres en el cómic —en México, en Europa, en el mundo— es el resultado de una genealogía. Una cadena de creadoras que trabajaron cuando no era habitual que una mujer dibujara, escribiera o dirigiera una narrativa gráfica.
Este 8M queremos mirar hacia atrás no desde la nostalgia, sino desde el reconocimiento.
Porque entender el origen transforma la manera en que leemos el presente.
Estados Unidos: cuando firmar con iniciales era necesario

A finales del siglo XIX, cuando la tira cómica apenas se consolidaba en la prensa, Rose O’Neill ya publicaba historietas. Durante un tiempo firmó con iniciales para evitar prejuicios editoriales. Más tarde crearía los Kewpies, personajes que trascendieron el papel y se convirtieron en fenómeno cultural.



Décadas después, Jackie Ormes se convirtió en la primera dibujante afroamericana publicada en prensa, integrando aspiraciones sociales y representación racial en sus historias.

Y en plena Edad de Oro, Tarpe Mills creó Miss Fury, una de las primeras heroínas de acción concebidas por una mujer. En un contexto dominado por superhéroes masculinos, su protagonista rompía esquemas.


Europa: sátira, autobiografía y revolución editorial
En el contexto español, nombres como Núria Pompeia marcaron un antes y un después. Su obra abordó con agudeza crítica la maternidad, el matrimonio y el machismo estructural en plena dictadura y transición.

También fueron fundamentales creadoras como Carmen Barbará, autora de Mary Noticias, una reportera protagonista de historias de acción en los años sesenta, o Purita Campos, cuya serie Esther y su mundo alcanzó tiradas masivas en Europa y acompañó a generaciones de lectoras.
Estas artistas trabajaron en editoriales que rara vez les otorgaban visibilidad autoral plena. Muchas realizaron producción para el extranjero, firmaron en condiciones contractuales desiguales o desarrollaron su carrera en publicaciones consideradas “menores”. Sin embargo, su impacto cultural fue enorme.

En el ámbito franco-belga, durante décadas el cómic fue un territorio mayoritariamente masculino. La irrupción de Claire Bretécher transformó la sátira social con una mirada aguda sobre las tensiones de género y clase.


Más adelante, Marjane Satrapi demostró con Persépolis que la autobiografía gráfica podía convertirse en fenómeno global y en puente entre memoria personal e historia política.


El mercado europeo cambió: aparecieron más editoriales independientes, más premios, más lectoras. Pero ese cambio fue gradual y sostenido por autoras que trabajaron cuando el espacio era mínimo.
México: pioneras en la historieta popular y la caricatura
La historia del cómic mexicano tampoco puede contarse sin mujeres.

Si hay una figura central es Yolanda Vargas Dulché, guionista y creadora que convirtió la historieta en un fenómeno masivo. Personajes como Memín Pinguín y las historias publicadas en Lágrimas, Risas y Amor marcaron generaciones enteras. Su capacidad para conectar con el público popular redefinió el alcance cultural del cómic en México.
Mucho antes, ya a finales del siglo XIX, se documenta el trabajo de Ema Best, una de las primeras caricaturistas mexicanas.

En el siglo XX, Palmira Garza fue durante años la única mujer caricaturista activa en la prensa nacional. Su permanencia en un entorno predominantemente masculino abrió camino a otras voces.
En los años noventa, Ana Barreto incorporó una perspectiva feminista explícita en la narrativa gráfica mexicana, mientras que Cintia Bolio consolidó una presencia constante en la caricatura política con una mirada crítica y aguda.




También figuras como Adalisa Zárate contribuyeron a legitimar el manga y ampliar el horizonte estético del medio en México, influyendo en nuevas generaciones lectoras.

No es tendencia. Es continuidad.
Hoy encontramos autoras trabajando autobiografía, memoria histórica, ensayo gráfico, ciencia ficción, terror o manga. Esa diversidad no es una moda editorial reciente.
Es consecuencia de un terreno abonado por mujeres que trabajaron con menos visibilidad, menos reconocimiento y, muchas veces, menos condiciones favorables.
Desde Catalonia Comics creemos que el 8M no es solo una fecha conmemorativa. Es una oportunidad para leer con contexto.
Para conectar autoras contemporáneas con sus antecedentes.
Para reconocer la tradición mexicana y su diálogo con Europa.
Para entender que cada portada que hoy colocamos en mesa forma parte de una historia más amplia.
La historia del cómic no puede contarse sin ellas.
Y nuestra selección de esta semana no responde a una tendencia: responde a una conversación que lleva más de un siglo en construcción.